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Al llegar al colegio aún había pocos niños. Me presenté antes que de costumbre, con la intención de dejar algunos regalillos en la Sala de Profesores (para mi tutora, la profe de Educación Física, y mi compañera de prácticas) Al cruzar la primera puerta del edificio, había muchos profesores reunidos junto a la Secretaría. Saludé pero seguí mi camino. Por suerte, en la Sala de Profesores no había nadie.
Después de esto bajé tranquilamente de nuevo, y la profesora de Educación Física me preguntó que si le había traído las fotos. Ayer traje algunas en la carpeta, y le dije que podía seleccionar las que quisiera, como regalo. Como no tenía tiempo, las vio con prisa y no pudo elegir.
-"Vaya, se me han olvidado..."
Lo que ella no sabía es que poco más tarde encontraría unas cuantas envueltas, para que no tuviera que elegir cuales quedarse. Los alumnos iban llegando, así que tras echar una mano con los preparativos del desayuno, entré en mi clase mientras Mª Carmen colocaba unas cuantas mesas en el pasillo para preparar el chocolate.
Que hoy fuese el último día no me libraría de esa sensación de sentirme como un inútil al no poder mantener el orden entre dieciséis personitas de nueve años. Saben que hoy dan las vacaciones, así que están más inquietos que de costumbre. Ningún método me funciona con ellos, así que con ayuda de una alumna, repartimos folios, hasta que todos tienen el suyo.
-Os voy a enseñar a hacer un barco de papel. ¿Qué si flota? ¡Claro! Venga, todos atentos, que vamos a ir paso por paso.
Y al igual que todos los trucos ingeniosos "Mantén a tus alumnos sentados, resultados increíbles", funciona durante los tres primeros minutos. Se levantan a que les haga las dobleces, me encuentro rodeado otra vez, barco por aquí, barco por allá, no grites tanto que no hace falta, y lo único que me salva es la tutora entrando por la puerta diciendo que ya pueden salir a por los churros y el chocolate
Poco a poco van entrando con su desayuno, y se sientan en sus pupitres para devorarlo, aunque haya algunos que prefieran darle un par de mordiscos y dejarlo. Mientras, algunos de los que conservan el interés por el barco, vienen a preguntarme cómo terminarlo. En otras palabras: vienen a que se los termine.
Después bajamos al gimnasio. Hay una chica que les va a enseñar a dar algunos pasos de baile, para luego hacerlos todos juntos. Esta actividad dura media hora, y aunque es entretenida, se les hizo algo pesada. Imaginad sus caras cuando después cambian de aula para volver a hacer otro baile parecido pero esta vez siendo el monitor un chico. El aburrimiento continuó su expansión, y cuando creían haberse librado, volvían a entrar en otra clase para bailar media hora más, con otra chica. Fue bastante curioso ver que, a los veinte minutos, más de la mitad estaban ya sentados.
Ahora tocaba media hora de recreo. Transcurrió de forma normal, con muchos alumnos despidiéndose de mí.
Al entrar, solo quedaba disfrutar de una pequeña exhibición de bailes regionales, y ya podríamos irnos a casa.
Y luego están las inevitables despedidas, y los mejores deseos para las fiestas que se nos avecinan, y el año nuevo. Después deseamos volver a vernos, que nos vaya bien, y tras el abrazo, recordarme que puedo volver a visitarles siempre que quiera.
Y claro que lo haré. En cuanto tenga un día libre.
¿Cómo voy a olvidarles? A la tutora, a los "chipeleles", mis amigos del recreo, el Secretario, las caras nuevas (y no tan nuevas) el profesorado en general, los buenos momentos en clase, y el entrar todos los días por la puerta que ahora he utilizado para salir...
Aunque esto no se ha acabado... no. Como diría esa frase de una película que me encanta:
"Nunca se está del todo acabado cuando te queda una buena historia que contar, y alguien a quien contársela."
Y esta es mi historia. La de un alumno que vuelve a su colegio de la infancia a hacer sus prácticas...
NUEVE AÑOS DESPUÉS
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A diferencia de todos los días, hoy no voy al colegio. ¡Tranquilos, no me salté las clases! Fui con mi compañero de prácticas al pabellón de Infantil a ver la actuación que tenían preparada con motivo de las fiestas navideñas. Así, mientras esperábamos en el pasillo, veíamos pasar a los pequeños disfrazados de pastores, reyes magos, e incluso algún angelito llorón. En la sala donde harán la representación, hay muchas sillas colocadas para cuando entren los padres, y en la zona del escenario, simplemente una pequeña cuna de madera con una oveja de peluche al lado. Hacen un último ensayo, y vemos que todo consiste en poner un villancico mientras que los niños se mueven y siguen el ritmo. Para nosotros puede parecer simple, pero hay que pensar en que la gracia de esto no es el que lo hagan mejor o peor, sino el encanto que transmiten al verlos ahí a todos juntos disfrazados, casi sin saber muy bien por qué lo hacen. Después de que terminasen y los padres los acribillaran con el flash de las cámaras de fotos, decidimos encaminarnos a nuestro Centro.
Subo a la Sala de Profesores, donde está mi tutora junto a las profesoras de Educación Física y Música. A los pocos minutos volvemos a clase. Están en clase de Inglés, y terminan haciendo algún juego, como el profesor les tiene acostumbrados. Ahora les toca hacer un control de Lengua. Para no aburrirme demasiado, lo hago yo también.
Al igual que ayer, decido pasar la media hora del recreo en la Sala de Profesores, disfrutando del buen ambiente, y leyendo el periódico mientras me invitan a algún que otro polvorón. La tranquilidad se ve interrumpida por mi compañero de prácticas, que trae un niño al que le sangra el dedo. Me pregunta por el papel higiénico:
-Si mira, ven aquí. Lo guardan en este mueble. A ver, ven que te mire el dedo. ¿Cómo te llamas? Vale, tranquilo, no pasa nada. ¿Te cuento una cosa? Los cortes son heridas profundas que sangran mucho, y claro que nos duelen, pero se curan muy pronto, ya lo verás. Toma, ¿te has lavado las manos? Ponte el papel este y apriétalo. Coge un trozo más para luego. Que no, hazme caso, ¿cómo te vas a desangrar? ¿tu sabes cuánta sangre tenemos en el cuerpo? Mucha, y por un corte así no te va a pasar nada. De todas formas, bebe agua y así fabricarás sangre nueva, en serio.
El recreo termina poco después. En clase, quien no lo terminase antes, sigue haciendo el control de Lengua, y los demás, el dibujo que les propuse ayer (la visión que tienen de mí, y la mayoría me dibujaron junto a los demás niños de la clase) Sin esperarlo, aparece mi compañera de prácticas por la puerta junto a dos de sus alumnos:
-Juan, ahí abajo hay una mujer preguntando por ti.
No le había dicho quién era, pero Mª Carmen y yo lo imaginábamos, así que me recomienda quedarme en clase mientras ella baja para hablar. Vuelvo a quedarme a solas con los alumnos. La mayoría están dibujando, pero queda uno haciendo el control. No se lo sabe, y además tiene el descaro de pedirme que le diga las respuestas. Sabe que voy a hacerlo, pero lo que hace es equivocarse. No se las digo, pero le ayudo a encontrarlas. Otra cosa es que lo consiguiera... Como era de esperar, no tardan ni cinco minutos en levantarse y armar escándalo. Así cuando vuelve la tutora me encuentra en el fondo de la clase, intentando entretenerlos como sea con tal de que no molesten a los otros compañeros que están dando clase en las otras aulas.
Mª Carmen dice que efectivamente, era la madre de la chica que tuve que llevar a Secretaría hace un par de días. Había llegado muy convencida de que un profesor de prácticas había cogido a su hija por el cuello, pero la experiencia de mi tutora hizo que en pocos minutos entrase en razón. Después de todo, si yo hubiera bajado, no voy a decir que me pusiera nervioso, pero si que actuaría de forma incorrecta, o por lo menos, mejorable. Y no porque sea una de mis costumbres ser maleducado, sino todo lo contrario, y hay veces que la única solución que veo es ponerte al nivel del atacante. Hay que agradecer que todo saliera bien.
Demasiado bien, porque el día de hoy termina conmigo recibiendo algunos dibujos de mis alumnos, y encontrándome a esta alumna de camino a casa. Le llamo:
-¡Eh, no me ignores! Ven aquí, anda. Mira, no quiero ser pesado, pero te vuelvo a decir que lo que pasó, ya sabes por qué ha sido. En el Centro hay unas normas que hay que cumplir, y son para todos. Si quieres cabrearte, adelante, estás en tu derecho, aunque no hay motivo. Por mi parte por lo menos, quiero que sepas que no pasa nada, ¿vale? Que para dos días que me quedan aquí no quiero irme de malas. ¡Venga, mañana te invito a un chocolate!
(Mañana habrá un desayuno para todo el colegio, chocolate con churros)
¡Ah, y aunque no haya salido en el recreo, se que nuestra amiga ha vuelto a traer las mismas galletitas!
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Se nota que las vacaciones de Navidad están a la vuelta de la esquina. El día de hoy empieza con un control de Conocimiento del Medio, y la tutora saliendo un momento al pasillo para hablar por teléfono. Aunque me quede con los muchachos, empiezan a hablar. A dos días de terminar mi estancia aquí, no podré hacer todo lo que no he hecho en cinco semanas, o lo que es lo mismo, lograr que el ambiente del aula cuando Mª Carmen sale, sea el adecuado para un correcto desarrollo de una clase, o en este caso de un control.
Puedo gritar, mandar a callar, dar una palmada o incluso un golpe en la mesa. Exacto, esas cosas que creía que nunca iba a hacer. Da igual, pues saben que no impongo respeto, que soy un pelele que no puede hacer nada. Si, son todos unos niños muy cariñosos pero que saben hasta donde pueden llegar. Negocio con ellos. Hoy he traído mi carpeta de dibujos, y les ha llamado la atención, pues es grande (tamaño A3) está decorada por fuera y cuando se la dejo coger a alguno, se le cae porque no esperaba que pesase tanto. A quien hable durante el control, no le enseñaré mis dibujos.
Y siguen hablando porque saben que soy un blando, y no ya que les enseñaré los dibujos, sino que además lo haré con una sonrisa. Vaya profe más patético...
Cuando la tutora vuelve, decido ir a la Sala de Profesores. He pasado todos estos recreos en el patio, observando el comportamiento de los niños. Lo mínimo que puedo hacer ahora es tener también un poco de contacto con el profesorado. No me gustaría que pensaran que soy algún tipo de autista, o que tengo la edad mental de mis alumnos. O siendo menos dramático, que sea tímido y me de vergüenza estar con los profesores. Allí me encuentro con mi compañera de prácticas, fotocopiando la unidad didáctica que ha preparado. Vuelvo a la clase para coger la carpeta de los dibujos y enseñárselos. Así tendría excusa para sacarle conversación un rato (¡En el fondo soy sociable y me gusta conocer a mis compañeros!) Mientras charlábamos, se atascó la fotocopiadora. Como lo último que debemos hacer en estos casos es ponernos nerviosos, hicimos todo lo posible por arreglarla, pero al final tuvo que venir un profesor a quitar el papel que había ocasionado la avería.
Incluso el recreo decidí pasarlo aquí. Están todos con el amigo invisible, haciéndose regalos tan estúpidos como un trozo de pan mordisqueado y con azúcar. Bueno, en realidad este era el peor, pero me hizo mucha gracia. Lo típico suelen ser velitas o flores de plástico. Mi compañero de prácticas me dice que quiere enseñarles una película de dibujos a varias clases del primer ciclo, así que me pregunta que si puedo encargarme yo de ir a ponerla, y cuando termine, pararla. Como no tengo problema ninguno, me paso por la sala de TIC, para comprobar que todo funciona bien y, ¡sorpresa! Esa peli que nos gustó tanto de pequeños como es "El Rey León" la ha descargado de Internet con la mala suerte de que el audio sea español latino. Y no es que tenga nada en contra de ese doblaje, pero, ¿cómo le vas a poner eso a los niños? Habrá cosas que no entenderán...
Termina el recreo y vuelvo a clase. Hacen el esquema de Lengua y unos ejercicios de repaso del control. Mientras, charlo un rato con Mª Carmen sobre mi estancia aquí, qué me ha parecido, y la evolución que me he notado. Bajo a Secretaría a por sobres para enviar las notas y una felicitación de Navidad a los padres. En la última media hora van a hacer un dibujo, así que propongo que hagan uno en el que salga yo, para ver cuál es la visión que tienen de mí. La mayoría hacen también a sus compañeros. Como era de esperar, abro la carpeta de mis dibujos y la enseño.
Y aunque no haya salido al recreo, no nos quedamos sin saber el almuerzo de nuestra amiga: las mismas galletitas que ayer.
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Mi último martes aquí... Lo primero que hago es buscar al compañero de prácticas, para preguntarle si sabe algo de la pizarra digital. Me explico, ayer visitamos la sala de TIC, y uno de los profesores que se encargan de ella nos dijo que para hoy podíamos ir a que nos explicara un poco el funcionamiento de tal pizarra. El compañero me recomienda buscarlo en la sala de apoyo, donde le dedica un tiempo extra a alumnos que suelen ir algo más lentos, pero no le encuentro. Estaba en la sala de profesores. Mira su horario y decide que a las 11:00 nos veremos en la sala de Informática. Aviso a mis dos compañeros.
Después voy a mi clase. Mª Carmen está recogiendo los cuadernillos de Matemáticas. Una alumna me llama riéndose, y me dice que le hace gracia haber nacido en 1999, al igual que la compañera que se sienta a su lado. No la entiendo, la verdad. Es increíble como algo así nos puede hacer gracia cuando somos pequeños. Bonito, ¿verdad?
Tenemos clase de Lengua, así que leemos un poema sobre una niña que se distrae en clase mirando una mosca, y después hacemos unos ejercicios de comprensión. Después repasamos también con ejercicios, lo que hemos estado viendo en los últimos días. Como siempre, doy vueltas por la clase ayudando a quien lo necesite.
En la siguiente hora, según el horario deberíamos tener clase de Inglés, pero el profesor no pudo venir, así que continuamos con las fracciones en Matemáticas.
Cuando da la hora, voy a la sala de TIC, pero parece ser que algunos profesores están teniendo una reunión. Mientras terminan, busco a mis compañeros en el piso de abajo. Creía que la pizarra digital era el proyector, que junto al lápiz especial, podía dibujar cosas en una "sábana blanca" cualquiera, pero estaba equivocado. En realidad es un panel blanco en el que, como es lógico, se puede usar un proyector. Tiene incluso su propio interruptor de encendido y apagado. Está conectada a un ordenador, que controla el programa (Inter Write versión 4.11) y efectivamente, el proyector tiene un sensor que reconoce los lápices especiales. Una mejor definición que he encontrado en Internet:
Sistema tecnológico, generalmente integrado por un ordenador, un videoproyector y un dispositivo de control de puntero, que permite proyectar en una superficie interactiva contenidos digitales en un formato idóneo para visualización en grupo. Se puede interactuar directamente sobre la superficie de proyección.Después incluso la estuve utilizando. Como todo programa informático, su uso puede ser fácil con la práctica, y probando las distintas herramientas y opciones.
Llega la hora del recreo. ¿No os disteis cuenta del dato que faltaba ayer? ¡¡La merienda de nuestra amiga!! No se me olvida preguntárselo, y por lo visto, después de tanto tiempo, ¡volvió a traer petit suise! Tres concretamente, aunque hoy haya traído galletas y un zumo de melocotón. Veo que a mi pequeño amigo inglés le está saliendo un diente nuevo. Tampoco podían faltar las chicas de 6º, sobre todo aquella que tiende a molestar a sus compañeros de forma exagerada. De nuevo, la víctima de hoy volvía a ser mi tímido sin dientes de leche. No paraba de ofrecerle pipas de manera insistente, cansina, y a voces, todo para conseguir un poco de "humor":
-¿Quieres pipas?
-No
-¿Quieres pipas?
-¡No!
-¿Quieres pipas?
-¡¡No!!
-¿Quieres pipas?
-¡¡¡He dicho que no!!!
-Venga, déjalo en paz, que es más pequeño que tú. Te ha dicho que no quiere, no seas pesada.
-¿Pesada yo, profe?
-Si, pesada, que siempre eres la misma, no lo dejáis en paz.
-Lo que pasa es que tú le has cogido cariño.
-No, lo que pasa es que no puedes ir así, abusando de los pequeños, con lo mayorcita que eres ya. Que te estoy dejando pasar muchas, pero verás como al final voy a tener que ponerme serio. ¿A que eso no lo harías delante de otro profesor?
-¿Y qué vas a hacer, castigarme?
-Por supuesto. Yo no quiero tener que cogerte de la manita y llevarte a Secretaría, porque ya tienes una edad y se supone que eres más responsable, pero si tengo que hacerlo, lo hago.
Las palabras no sirvieron de nada. Pelaba pipas, y escupía las cáscaras mojadas en saliva sobre la cabeza del niño varias veces.
-No voy a volver a avisarte. ¡No te voy a dejar pasar ni una más, que ya me has cabreado bastante!
Me retó y volvió a echarle las cáscaras en el pelo.
-Te lo has ganado a pulso.
La cojo del brazo izquierdo y tiro de ella hacia Secretaría. Opone resistencia, así que no me queda otra alternativa que ponerle mi otra mano tras su cabeza para ir empujándola. Si esta avanza, el cuerpo también lo hará. Y allí se la dejo al Jefe de Estudios:
-Aquí te traigo a mi amiga, a ver qué te cuenta.
Vuelvo al patio y sus amigas están riéndose. Por lo visto nunca antes un profesor había hecho algo así con ella. Parece ser que pasan un poco de ella, sabiendo que le quedan escasos meses en el Centro. A sus compañeras les sigue resultando muy gracioso que me haya llevado a una alumna tan alta y aparentemente líder influyente. Vuelvo a Secretaría para ver cómo va la cosa.
YO -¿Qué te ha contado? (Me doy cuenta de que está llorando y no para de rascarse la muñeca izquierda, como si pretendiera hacerse alguna señal)
JEFE ESTUDIOS -Nada, pues me ha contado lo que ha pasado.
Y -Pero yo quiero saber su versión.
ALUMNA -¡¡Me ha cogido del cuello, se lo voy a decir a mi madre!!
Y -¿¿Cómo?? ¡¡Yo no te he cogido del cuello, nunca le he hecho eso a nadie!! ¿De verdad le has dicho eso al Jefe de Estudios?
JE -Tranquilo, solo está cabreada.
Y -No hombre, a ver si ahora me voy a meter en un lío, ¿te crees su historia? Si tu sabes que nunca te he traído aquí a nadie, ¡un par de veces si acaso!
JE -Que no Juan, que no tienes que darle explicaciones. Estas cosas pasan. Si no ha cumplido las normas del Centro, pues has hecho bien en traerla. Punto.
A -¡¡Voy a llamar a mi madre!!
JE -Ahí tienes el teléfono, corre, llámala. Dile también que has estado molestando durante días a otros compañeros.
Regreso al patio y termina la hora del recreo. Durante la hora de Religión me quedo en la sala pequeña de Informática, haciendo repaso con un alumno. Aprovecho para contarle a Mª Carmen lo sucedido. Dice que no me preocupe, que no pasa nada. Hice bien en recordarle que en este colegio hay unas normas de convivencia, y son para todos. Estas cosas pasan y ahora no estoy acostumbrado, pero con el paso del tiempo tendré más batallas iguales e incluso peores. Debemos tener mucho tacto, porque además llevamos las de perder, estando como están las cosas actualmente.
Tengo que aprender de esto, y nunca olvidarlo.
La jornada de hoy termina conmigo en el patio, yendo hacia la puerta de salida, y un alumno gritándome desde la cola que hacen los del comedor:
-¡¡Tú eres el que ha cogido a mi prima del cuello!!
Y no recuerdo si le contesté diciendo que se enterara mejor de las cosas antes de hablar, pero desde luego que me entraron ganas...
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Comienzo de la última semana. Como acordamos el viernes pasado, nos encontramos a primera hora los tres alumnos de prácticas en el despacho del Director, para que nos enseñe y comente un poco los cuatro documentos que no pueden faltar en un colegio:
-P.G.A. (Plan General Actual)
-Proyecto Educativo de Centro
-Proyecto Curricular
-Plan de Convivencia.
Tras más de una hora de exposición y charla, deja muy claro que no pueden fotocopiarse, pues son cosas que no deben salir del Centro. Eso sí, están a nuestra disposición para que las leamos el tiempo que haga falta. Mi compañera dice necesitar un dato: el número de alumnos en el Centro, y el porcentaje de inmigrantes. Según el Director ese es un dato que no se debe dar a nadie. Por lo visto, a veces llaman del periódico, o del circo para repartir invitaciones, preguntando por el número de alumnos que hay en el colegio, pero en ningún caso se facilita. De todas formas, lo único que pedía era un valor aproximado...
Tras impedir que nuestro compañero se llevara uno de los documentos anteriores (Los demás también tenemos derecho a verlo, ¿no?) se retira a su clase. Así que después nos pasamos por Secretaría a preguntar el número de alumnos y su tanto por ciento de inmigrantes. No queríamos algo exacto, pues con un redondeo hubiera servido, pero el Secretario empezó a hablar, y la oportunidad como es lógico, no íbamos a perderla. Nos dio el número de alumnos de cada clase, dividido entre niños y niñas, y después, cuántos inmigrantes había en cada una, y su procedencia. Tuvimos la "suerte" de que en ese momento entrara el Director un momento, para irse con las mismas. Ahora si que habíamos metido la pata. Ya que estábamos, también aprovechamos para pedir el menú del mes del comedor escolar. Allí estuvimos también, durante más de una hora. El Director volvió a hacer aparición, y se dirigió al Secretario:
-Tengo que decirte una cosa, pero... luego.
Imaginábamos lo que era. A una semana de terminar nuestras prácticas, mi compañera y yo acabábamos de lograr que se rompiera el buen ambiente que habíamos disfrutado durante el mes. Pero bueno, ahora estábamos consiguiendo información para la Memoria, y ya tendríamos tiempo para lamentarnos. Pedimos permiso para ir a echar un vistazo al edificio de Educación Infantil, que está a unas dos manzanas de distancia (400 metros aprox.) y en seguida llamó por teléfono para avisar de nuestra llegada. Fuimos a recoger a nuestro compañero, y por el camino charlábamos sobre lo sucedido en Secretaría.
Al llegar, nos abrió una profesora que no conocía. Lógico, han pasado ya unos cuantos años desde mi estancia en Infantil. Nos enseñó un par de aulas y dio la hora del recreo, así que tuvimos total libertad de recorrerlas, enredar, y hacer fotos. El edificio tiene dos plantas, por las cuales estuvimos paseando cámara en mano, entrando en cada clase, fijándonos en detalles, e incluso haciendo alguna tontería que otra (¡estas cosas pasan cuando estás rodeado de juguetes!) Conocimos a las otras maestras. Son un total de seis, y aprendí un nuevo término: "más uno" (+1) que es aquella que no tiene un grupo fijo de niños, sino que va por las aulas echando una mano a aquella que lo necesite. Después de estar un rato en el patio hablando con ellas, volvimos a nuestro edificio. Es probable que el jueves a primera hora vengamos de nuevo, pues los niños harán un pequeño teatro.
Nada más entrar, nos pasamos otra vez por Secretaría. Queremos preguntarle al Secretario si ha habido algún problema por facilitarnos los datos de antes, pero preferimos sacar un poco de conversación primero, así que le contamos nuestra experiencia en Educación Infantil. A los veinte minutos, mi compañera (de la especialidad de Audición y Lenguaje) sugiere que le echemos un vistazo a la sala dedicada a Logopedia. Sin problema ninguno, el Secretario nos abre la puerta, y entramos en una pequeña habitación. Quedaría mejor decir que su tamaño se ajusta al de un despacho, con escritorio lleno de libros y papeles situado casi en el centro, iluminado por la luz natural que entra por una ventana a su izquierda, y enfrente un piano. Todo esto contando con una estantería repleta de libros, y algunos instrumentos médicos, como esa plataforma de cristal con espejo para ver los pies, o el panel con letras y colores para comprobar la vista. Para no molestar mientras mis compañeros hacen fotos, salgo fuera, y aprovecho esta ocasión a solas con el Secretario para preguntarle lo que de verdad nos interesaba:
-¡¡No, tranquilos, no hay problema ninguno!! Al principio si pudo negarse un poco, porque comprended que esos son datos que no se le pueden facilitar a cualquiera. Ahora mismo nos viene alguien de la calle a pedir el número de niños que tenemos en el colegio, y lo mandamos a... Pero claro nosotros tenemos en cuenta que eso es algo que os piden, y que suponemos que lo vais a utilizar para un buen fin, ¡¡vamos, no os imagino vendiendo esa información por ahí!! Así que nada, vosotros no os preocupéis, porque no hay motivo.
¡Que alivio! Después de esto, visitamos el almacén, donde podemos encontrar desde material escolar y pinturas, hasta piezas de cartón recortadas o viejos cuerpos desmontables para enseñar anatomía, pasando por carteles, pancartas, figuras geométricas de madera, mapas descoloridos, escuadras y cartabones para usar en la pizarra... y algo que la primera vez que entré aquí me llamó mucho la atención, unas estanterías llenas de archivadores con fechas incluso de los años '70. El Secretario nos comentó que eran las facturas emitidas y recibidas en esos años concretos, pero sacó una de 1995, me preguntó mi apellido y... cuando quise darme cuenta estaba leyendo los nombres de los que formábamos la clase de 1ºA, firmada por mi antigua tutora a 4 de Marzo de 1995, ¡¡había gente que ni recordaba!!
Y el día de hoy termina haciendo una fotografía a esta lista de clase, para cuando vuelva a olvidar algún nombre, tenerla a mano.
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