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Me encanta ser puntual. Llegar a tiempo cuando quedas con alguien, o tienes que estar en algún lugar a una hora acordada, es de buena educación. Consecuentemente, no me dan buena sensación aquellas personas que tienden a llegar tarde. Pero como no todos tenemos la misma hora en el reloj, no me importa esperar unos minutos antes de empezar a perder mi gran paciencia. Todo esto para decir, que un día más, he vuelto a ser puntual. Llevo conmigo la mochila, con los apuntes de un examen que tengo esta tarde. No comeré en casa. En cuanto salga del colegio, tomaré un autobús y me iré a la Universidad directamente. Iré a buscar el menú del día en el magnífico comedor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, y después de un café en la mía, repasaré hasta la hora del examen.
Pero volvamos a traer la atención a donde en realidad nos interesa: el colegio. Hay pocos niños en el patio, porque aún es algo temprano. Van llegando poco a poco, y se colocan en el lugar que les corresponde del patio, su fila. Si amigos, aquí los niños hacen filas para cuando toque la sirena, entrar en orden. Esto, es algo que cuando pasas a la ESO, haces el Bachillerato, y llevas dos años en la Universidad, pues casi lo olvidas. Cuando empecé las prácticas, iba de “profesor super-progre oh que moderno soy”, y como tal, pues estaba en contra de estas filas, pues resta sensación de libertad en el alumnado. En poco tiempo he descubierto que en ocasiones, el alumnado quizá sea adicto a ese tipo de normas y restricciones. Se han educado de forma que aún no comprenden cosas que se las podríamos dar como sencillas, sea por ejemplo la posibilidad de hablar en clase. Cuando la profesora sale y me quedo con ellos, saben que a mí no me importa que hablen. Todos los humanos tenemos boca y es para algo, ¿qué pasa? Que no hablan. Gritan, se levantan, discuten… ¿solución? Retirarles algo que no saben usar. Y así con muchas cosas más. Quizá no sea recomendable eliminar eso de hacer colas para entrar, pues podría generarse un caos. Pero hay algo con lo que sigo estando en contra, y es que las colas se hagan durante estas fechas tan frías, en el patio. Los profesores, como es lógico, entran en el Centro, charlan, se toman sus primeros cafés de la mañana… Yo me quedo pasando frío con los alumnos. Digamos que es, mi forma silenciosa de manifestarme contra la desigualdad. Se pueden hacer colas, vale, pero por favor… que sea ante la puerta del aula, bajo techo.
Antes de entrar, el Jefe de Estudios nos avisa de que ha llegado el Director, así que podemos ir a pedir la información que necesitamos para la memoria, de ahora en adelante.
Al entrar en el aula, pretendía sentarme con mis dos fantastic de hoy, pero la tutora me dijo que lo hiciera solamente cuando tuviera que ayudarles. También me dijo que ya mañana puedo dar clase. Matemáticas y Lengua, miércoles y jueves. Le enseño el libro “El valor de educar” de Fernando Savater (sobre este libro es el examen que tengo esta tarde) Lee la contraportada, y me señala una parte en la que pone, “¿qué es la educación?, ¿qué ha sido y qué puede llegar a ser?, ¿qué esperamos de ella?, ¿consiste en la mera transmisión de conocimientos o debe formar para la ciudadanía democrática?”. Y así es como me cuenta que en la época en que ella se estaba formando para ser maestra, se hacían las mismas preguntas. Aprovecha para decirme que ella se esfuerza en transmitir conocimientos, enseñarle unos contenidos a un grupo de alumnos, pero que a la vez los guía en una correcta educación. Me ha calado. Ha visto que mi primera semana la he usado en mostrarme a los alumnos de forma amistosa, que vieran que yo soy de ese tipo de profesores permisivos, que procuran mantener una relación agradable.
-Nosotros los maestros, cuando estamos aquí en el colegio, somos como sus padres. En casa se educan, pero aquí también. Nosotros tenemos responsabilidades sobre ellos. No solamente nos encargamos de enseñarles unos contenidos, sino que también les transmitimos valores. Un alumno y un profesor, no pueden ser amigos. Al igual que un padre y un hijo tampoco pueden serlo. Nosotros queremos lo mejor para ellos, y cuando hay que castigarlos, se hace, al igual que cuando hay que premiarles. Por eso yo no comprendo eso de “mi padre es mi amigo”. Tú a tu padre no vas a ir a contarle tus cosas… ¿sabes?
Afirmo, mientras pienso que no estoy de acuerdo. Yo tengo amigos, y no precisamente les cuento mis cosas. Los habrá que si, y los habrá que no. Mi padre puede ser de ese tipo de amigos con los que ver la tele o ir al campo a pasar el día, por ejemplo.
En Conocimiento del Medio seguimos con los ecosistemas. Completamos el esquema del tema entero en la pizarra, para que los alumnos lo copien y puedan estudiarlo en casa.
Llega la hora de Inglés. Es el último día de Rosa como sustituta de Juan José. Pone a los chicos en la pizarra, y después a las chicas, agachadas, mirando al frente, para hacer una foto de grupo en la que salgan todos. En una incluso pude salir yo. Como ya han terminado el tema, decide no empezar uno nuevo, y saca unos dibujos impresos para colorear, con el nombre de cada uno, rodeado de peces, estrellas de mar, etc. Incluso reparte unos cuantos paquetes de chuches. Se crea un ambiente de cachondeo y descontrol, y el bote de purpurina que ha traído un alumno, y con el que están llenando las fotocopias, no tarde en derramarse. Poco después la clase está llena de ese polvo brillante. Nada ni nadie se libra, todos tenemos aunque sea un poco en la ropa, sobre las mesas (incluso la del profesor) en el suelo… Charlo un rato con Rosa, sobre las oposiciones, la memoria que hay que entregar al terminar las prácticas, la nueva profesora de Inglés… En los últimos minutos, los alumnos me preguntan cómo dibujar una bacteria, para adelantar el trabajo de Conocimiento del Medio. Están dibujando los productores, los consumidores, y los destructores. Rosa se va:
-Que estudiéis mucho, que os portéis bien, seáis buenos… y que esto no es un adiós, ¡sino un hasta luego!
Cuando llega Mª Carmen a dar la clase de Lengua, se horroriza al ver la que se ha armado con la purpurina. El bote acaba confiscado en un cajón. Vemos los diptongos y los hiatos. Me resulta curioso que lo aprendan repitiéndolo contínuamente con una musiquilla (como cuando le poníamos melodías a las tablas de multiplicar para aprenderlas mejor)
-Diptongo. Dos vocales juntas en una sílaba.
Diptongo. Dos vocales juntas en una sílaba.
Diptongo. Dos vocales juntas en una sílaba.
Diptongo. Dos vocales juntas en una sílaba.
Diptongo. Dos vocales juntas en una sílaba.
Diptongo. Dos vocales juntas en una sílaba.
Diptongo. Dos vocales juntas en una sílaba.
(Etc.)
Mientras hacen unos ejercicios de Lengua, la tutora me dice que ya mañana daré clase. Una de Lengua y otra de Matemáticas. Apunto los temas que corresponden.
Hora del recreo. Sucede un hecho histórico en este diario, ¡¡mi amiga no ha traído Petit Suise!! Éstos son sustituidos por unas galletas de chocolate. Conozco al hermano de Kiko. Es mayor que él, pero no por eso más tranquilo. Charlo con mi compañera de prácticas y la profesora de Educación Física sobre otro de mis amiguitos del recreo. El chico de 2º curso (si no me equivoco) de los ojos claros. Viene del norte de España, pero tiene familia en Inglaterra. Parece ser que por las tardes no sale de casa, y se queda jugando o entretenido con otras cosas. Esto lleva a que el muchacho no sabe correr, y la profesora de Educación Física le está enseñando. No tiene amigos con los que estar en el patio. Siempre va con mi amiga de los Petit Suise. Es pequeño, delgado y muy blanco. Tiene los ojos azules y el pelo castaño clarito. Le faltan los dos dientes incisivos de arriba y es muy gracioso cuando habla con ese acento gallego refinado. Dice que no le gusta nuestro “acho”. Muy risueño, y distraído, es objetivo de las bromas de otros niños que se aprovechan de su inocencia. Como diría alguien que conozco, “No está espabilado, no tiene reflejos”. Pero a mi me encanta. Al principio me costaba sacarle palabras, pero se ha convertido en otro de esos que no tienen otra cosa mejor que hacer que seguirme durante la hora del recreo mientras me cuentan cosas. Me voy un rato con mi compañero de prácticas. Parece ser que mis queridos alumnos le dijeron que ayer aproveché el recreo para ir a la cafetería (“Al bar”, como él le dice) ¡Mentira, yo fui a hacer unos recados! Pues no, tenía metido en la cabeza que me fui al bar y punto. También dijo que hice mal en ir a pedir durante la primera semana, alguno de los documentos que tenemos que comprobar para tener en cuenta a la hora de hacer la memoria:
-¡¡Es que no veas, estás loco, eso se hace después, cuando nos conozcan, la primera semana es de toma de contacto, que locura!! (bla, bla, bla)
Yo estuve ahí seis años, creo que me conocen de sobra y me recuerdan, pero bueno…
Al entrar del recreo, los de mi clase tienen Religión, pero yo como siempre, me quedo con mi alumno que no la da, en el aula de Informática. Esta vez no encendemos los ordenadores, pues tiene unas cuantas divisiones que hacer. Mientras, cojo los libros de la tutora, para ver cómo son los temas que voy a explicar mañana. En Lengua hablaré sobre los tipo de oraciones (afirmativa, negativa, interrogativa y exclamativa) y en Matemáticas, la división entre la unidad seguida de cero (10, 100, y 1000) Echo un vistazo y creo que no será difícil. Mª Carmen me dejará solo, para que no me ponga nervioso. Aún así, estará fuera solamente durante el rato que dure la explicación. Luego para poner ejercicios y demás, volverá a entrar.
Termina la hora de Religión. El Grupo A se va a Música y nos quedamos con el B. Mientras continúan los ejercicios de diptongos e hiatos, la tutora me cuenta que hace unos años, ella era la maestra de los que ahora están en 4ºA (mi clase es 4ªB) y que a los que tiene ahora, no les gusta que hable de los de 4ºA. Les habla de cuando los otros eran “sus niños”, pero claro, “sus niños” ahora son 4ºA, y no quieren ser menos. Cuando terminan los ejercicios, se dirigen a la mesa de la profesora para que se los corrija. La jornada finaliza con Mª Carmen tirando el bote de purpurina a la basura y diciéndole al chico que lo trajo:
-Mañana vas y traes otro.
Y conmigo poniendo un par de divisiones en la pizarra. Desde pequeño me metieron en la cabeza que cuando saliéramos a la pizarra a escribir, que lo hiciésemos con la letra grande. Eso ahora ha degenerado en algo que podemos llamar colosalismo-escritura.
Frase del día:
-¡¡Ojala fueras tú mi profesor!!
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1 comentario:
No tienes razón.
Ahí se la doy a Mc.
Un profesor y un alumno, al igual que un padre y un hijo, tienen sus roles asignados.
Tratar a tus hijos, o a tus alumnos como "amigos" "colegas" es un soberano error.
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