sábado, 6 de diciembre de 2008

08. EL RETORNO DEL DIRECTOR (26 NOV 08)

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No voy a decir que echase de menos las charlas en ayunas de mi madre sobre moda, pero el no encontrar la camisa que quería para hoy, y cometer el error de preguntarle a ella, es en lo que conlleva. Conclusión: "Juan, que mal vistes".

En la primera hora, la tutora recoge los cuadernillos de Matemáticas (las tareas diarias para casa) y se va a la habitación de al lado, la pequeña de Informática, para dejarme a mi explicándole a los niños la lección de hoy. Es la primera vez que me pongo en la pizarra para esto, y no me pongo nervioso. Es como una obra de teatro, sabes de sobra lo que tienes que hacer, y si no, pues nunca viene mal recurrir a la improvisación, aunque no sea lo recomendable. Tengo unos quince minutos para comentar las oraciones afirmativas, negativas, exclamativas e interrogativas. Escribo en la pizarra "¿Qué hora es?" (Tienden a responder...) Leemos en el libro, los cuatro tipos de oraciones que estamos viendo, y algunos ejemplos. Se me ocurre la grandiosa idea de que entre todos, busquemos alguna frase que sirva para preguntar la hora, y que sin embargo, no sea interrogativa (Que no tuviera signos de interrogación) Cuando quiero darme cuanta, a mí solo se me ocurre: "Por favor, si fuese usted tan amable de decirme la hora que es..." La reacción de los chavales fue decir que:

-Eso es de pijos
-No, de pijos no, es de persona educada, aunque bueno, es excesivo...

Al final, solamente encontramos una, no muy educada, "Dime la hora" (Aunque también valdría, "Dígame la hora, por favor") Vuelve Mª Carmen, y pienso en que esta vez, no se me han revuelto mucho. Tras corregir los cuadernillos de Matemáticas, vemos que hay dos alumnos que fallan mucho, así que la tutora me dice que les ponga unas ocho divisiones en un folio para que las hagan en el recreo.

A segunda hora, el Grupo B tiene Música, pero no me da tiempo a verles marchar. Viene la Coordinadora a por mí. Ella es quien ha llevado todo el tema nuestro, de los alumnos en prácticas. Mientras le acompaño por el pasillo, me comenta que vamos a hacer una reunión con mis otros dos compañeros. Están allí, esperando en la puerta del Aula Matinal, en el piso de abajo. Entramos, y Ana (Coordinadora) nos pregunta que si tenemos algún tipo de problema, necesidad, pregunta, etc. que queramos comentar. Mi compañero, muy caballero él, decide que debería ser la señorita quien empezase la primera. Su respuesta es corta, resumiendo todo en que le va muy bien, y que por ahora está muy contenta. Yo empiezo diciendo lo mismo, y mi otro compañero, pues igual. La conversación se extiende casi a las dos horas, con temas como:

-El cambio de los tiempos. Ana defiende que ella es de ese tipo de maestras, que echan de menos el poder darle un abrazo a un alumno, una palmada en la espalda o alabar un trabajo, cuando lo han hecho bien. ¿Por qué no lo hace? Porque los tiempos han cambiado. Eso hoy en día es acoso, perversión, o como queramos llamarlo. Le doy la razón. Al igual que también siente a veces la necesidad de poder darles un pequeño meneo en el hombro, o un suave manotazo en la cabeza cuando hay que reprenderlos. No le doy la razón. Lo del zarandeo vale, pero la cabeza es algo que respeto mucho. A lo que vamos, es que eso hoy en día es violencia escolar, mientras que seguro muchos de nosotros vimos como alguno de nuestros compañeros tenía la suerte de que su cabeza se encontrase en el trayecto de la mano de algún maestro, la cual no iría precisamente despacito.

-Diferencia entre institutos. Y aquí comentábamos sobre el nivel de algunos, sobre todos los que ofrecen unos contenidos de dificultad elevada, comparándolos con los que la tienen baja. También salió por aquí algo sobre la Selectividad y su... digamos "parte oscura".

-Que tuviésemos cuidado con los alumnos. Si, si, cuidado. Vuelvo a lo mismo, se dieron cuenta de que la primera semana jugaba con ellos en el patio, y eso es algo con lo que hay que tomar ciertas precauciones. Tanto porque les puedo hacer daño, como porque me pueden meter en un problema. Que no deje que me rodeen, que me sigan, que me agobien. (De sobra sabemos que a mí esto es algo que no me molesta, pero bueno...) Nos cuenta el caso de un muchacho que estuvo de prácticas hace unos años, y era:

-Así muy guapo, que vestía muy pijito él. Y yo que sé como son las muchachas, y como están empezando a hacer efecto las hormonas, las pillé en seguida y les dije que no se le acercaran.

A esto lo llamo yo, "Orden de alejamiento". Aproveché para comentarles la intranquilidad que tengo desde la semana pasada, cuando los de mi clase no me dejaban tranquilo, y saqué la cartera para ver si podía entretenerles con cualquier cosa. Aprovecharon y algunos se quedaron unas fotos carnet. Además me pidieron que se las firmase, ¿qué iba a hacer, quitárselas? (¡Con la ilusión que les hacía!) El consejo que pudo darnos, es que no aceptáramos bajo ningún concepto, cosas que nos regalen, y que nosotros tampoco les demos nada, "¿O acaso ellos tienen alguna foto de sus otros maestros?". También nos recomienda que no castiguemos a los muchachos en el recreo, e incluso que no les hagamos caso si vienen a quejarse. Lo que debemos hacer en estos casos es "decirles que vayan a decírselo a su profesor".

Esto es tan solo un resumen, de lo que estuvimos hablando en esas casi dos horas. Vuelvo a subir a clase, y quedan unos pocos minutos para salir al recreo. Están en Conocimiento del Medio, y Mª Carmen me enseña el típico libro fino que viene con el de la asignatura, y trata solamente sobre Extremadura. Le confesé que uno de los motivos por los que me gustaría ser maestro, es para enseñarles a los muchachos a amar su tierra, a descubrirles lo que tenemos, la variedad de paisajes, flora, fauna, cultura, pueblos... El otro no se lo dije porque no era el momento. Puede sonar cruel, pero quiero leerles el Quijote. A mí me gusta porque la que fue mi tutora durante los seis años de Primaria (Exacto, siempre con la misma) nos leía todos los días un trocito (con el lenguaje adaptado, claro está) como si fuera un cuento. Hacíamos el dictado, y después el dibujo. Así fue como sin leerlo directamente, conozco casi todos los pasajes de esa historia que empieza en un lugar de La Mancha, y como es lógico me encantaría poder seguir transmitiendo esa magia a los nuevos niños.

Salimos. Hoy tampoco hay Petit Suise por parte de la que ya puedo casi dejar de llamar mi amiga, para ponerle, nuestra amiga, al convertirse en uno de los personajes más carismáticos de este diario. El sustituto de hoy son unas cuantas galletas alargadas. Como siempre, paseo por el patio a la espera de... bueno, en realidad no espero nada. El primero que se me acerca hoy, es un niño de seis años que no sabe atarse los cordones (viene a que se los ate) pero por lo visto es futbolista y va a comprarse la equipación el Real Madrid. Mi compañero de prácticas le quita una cuerda larga a los de su clase, y no se la piensa dar hasta que se coman el bocadillo. Con las niñas de mi clase tengo que terminar por cabrearme. Están discutiendo entre ellas, no se sabe quien ha empezado, las separo y vuelven, y cuando la cosa está algo más tranquila, vuelven a picarse, y llegan incluso a las manos. Después de separarlas de nuevo, siguen gritándose, y una de ellas pasa a hacer gestos obscenos.

-¡¡Jo profe, no, venga, que me estoy quieta. Si yo no he hecho nada!!

Arrastrando del brazo la llevo donde están los castigados, unos sillones en la entrada del pabellón. Aún así no para de moverse de un lado a otro del banco donde la siento, y las otras compañeras le hacen burlas asomadas a la ventana.

Quedan pocos minutos para terminar, y algunas otras de mi clase me piden que les escriba cosas con el bolígrafo en brazos y manos. De sobra se lo que tenía que hacer, pero el compañero de prácticas viene a recordarme una de los puntos que habíamos comentado esta mañana con la Coordinadora. Les pinto líneas sin sentido, aunque me pidan que les escriba mi nombre.

Nada mas entrar, terminan los ejercicios que se pusieron de Matemáticas. El Secretario llama a la puerta y pregunta con una sonrisa, "¿Qué asiento te ha tocado?". No sabía qué tenía que responder, porque no terminaba de entender la pregunta. No tardé en darme cuenta de que la pregunta no era para mi. Hablaban sobre una broma, y Mª Carmen salió al pasillo. Volvía a quedarme a solas con unos niños que no tardaron en levantarse y ponerse a hablar a un volumen bastante elevado. Termino por cabrearme, y a uno de ellos termino por quitarle la silla (Estando de pie, aprendería a apreciarla y a usarla como es debido). A una alumna le duele la cabeza, y tampoco puedo hacer nada. Como era de esperar, la paz vuelve rápidamente cuando la tutora entra de nuevo. Terminamos de corregir en la pizarra los ejercicios de Matemáticas. La única forma que tenía el sin-silla de volver a recuperar su asiento, sería haciendo bien una de las divisiones en la pizarra (Y la hizo)

En Conocimiento del Medio siguen con los ecosistemas. Ahora es el Director quien llama a la puerta. Viene a saludar, pues no me había visto en todo el día. Mañana sería la primera vez que le veo dar una clase de Inglés. Terminamos de ver el tema de Conocimiento del Medio, y el esquema que lo resume.







Frase del día:
-Que "la frase" te acompañe.

(Mi compañero de prácticas, haciendo referencia a lo que nos había comentado la Coordinadora, cuando vio que le escribía cosas en las manos a mis alumnas)











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1 comentario:

Anónimo dijo...

Ainns, qué poco has tardado en emplear una de las medidas disciplinarias favoritas de mi madre, dejar a los alumnos sin silla, claro que para mí que lo veo desde fuera la cosa es muy fácil. Por otro lado me has recordado a un amigo que en la universidad repasaba las lecciones explicándolas a una clase imaginaria.