.
Comienzo de la última semana. Como acordamos el viernes pasado, nos encontramos a primera hora los tres alumnos de prácticas en el despacho del Director, para que nos enseñe y comente un poco los cuatro documentos que no pueden faltar en un colegio:
-P.G.A. (Plan General Actual)
-Proyecto Educativo de Centro
-Proyecto Curricular
-Plan de Convivencia.
Tras más de una hora de exposición y charla, deja muy claro que no pueden fotocopiarse, pues son cosas que no deben salir del Centro. Eso sí, están a nuestra disposición para que las leamos el tiempo que haga falta. Mi compañera dice necesitar un dato: el número de alumnos en el Centro, y el porcentaje de inmigrantes. Según el Director ese es un dato que no se debe dar a nadie. Por lo visto, a veces llaman del periódico, o del circo para repartir invitaciones, preguntando por el número de alumnos que hay en el colegio, pero en ningún caso se facilita. De todas formas, lo único que pedía era un valor aproximado...
Tras impedir que nuestro compañero se llevara uno de los documentos anteriores (Los demás también tenemos derecho a verlo, ¿no?) se retira a su clase. Así que después nos pasamos por Secretaría a preguntar el número de alumnos y su tanto por ciento de inmigrantes. No queríamos algo exacto, pues con un redondeo hubiera servido, pero el Secretario empezó a hablar, y la oportunidad como es lógico, no íbamos a perderla. Nos dio el número de alumnos de cada clase, dividido entre niños y niñas, y después, cuántos inmigrantes había en cada una, y su procedencia. Tuvimos la "suerte" de que en ese momento entrara el Director un momento, para irse con las mismas. Ahora si que habíamos metido la pata. Ya que estábamos, también aprovechamos para pedir el menú del mes del comedor escolar. Allí estuvimos también, durante más de una hora. El Director volvió a hacer aparición, y se dirigió al Secretario:
-Tengo que decirte una cosa, pero... luego.
Imaginábamos lo que era. A una semana de terminar nuestras prácticas, mi compañera y yo acabábamos de lograr que se rompiera el buen ambiente que habíamos disfrutado durante el mes. Pero bueno, ahora estábamos consiguiendo información para la Memoria, y ya tendríamos tiempo para lamentarnos. Pedimos permiso para ir a echar un vistazo al edificio de Educación Infantil, que está a unas dos manzanas de distancia (400 metros aprox.) y en seguida llamó por teléfono para avisar de nuestra llegada. Fuimos a recoger a nuestro compañero, y por el camino charlábamos sobre lo sucedido en Secretaría.
Al llegar, nos abrió una profesora que no conocía. Lógico, han pasado ya unos cuantos años desde mi estancia en Infantil. Nos enseñó un par de aulas y dio la hora del recreo, así que tuvimos total libertad de recorrerlas, enredar, y hacer fotos. El edificio tiene dos plantas, por las cuales estuvimos paseando cámara en mano, entrando en cada clase, fijándonos en detalles, e incluso haciendo alguna tontería que otra (¡estas cosas pasan cuando estás rodeado de juguetes!) Conocimos a las otras maestras. Son un total de seis, y aprendí un nuevo término: "más uno" (+1) que es aquella que no tiene un grupo fijo de niños, sino que va por las aulas echando una mano a aquella que lo necesite. Después de estar un rato en el patio hablando con ellas, volvimos a nuestro edificio. Es probable que el jueves a primera hora vengamos de nuevo, pues los niños harán un pequeño teatro.
Nada más entrar, nos pasamos otra vez por Secretaría. Queremos preguntarle al Secretario si ha habido algún problema por facilitarnos los datos de antes, pero preferimos sacar un poco de conversación primero, así que le contamos nuestra experiencia en Educación Infantil. A los veinte minutos, mi compañera (de la especialidad de Audición y Lenguaje) sugiere que le echemos un vistazo a la sala dedicada a Logopedia. Sin problema ninguno, el Secretario nos abre la puerta, y entramos en una pequeña habitación. Quedaría mejor decir que su tamaño se ajusta al de un despacho, con escritorio lleno de libros y papeles situado casi en el centro, iluminado por la luz natural que entra por una ventana a su izquierda, y enfrente un piano. Todo esto contando con una estantería repleta de libros, y algunos instrumentos médicos, como esa plataforma de cristal con espejo para ver los pies, o el panel con letras y colores para comprobar la vista. Para no molestar mientras mis compañeros hacen fotos, salgo fuera, y aprovecho esta ocasión a solas con el Secretario para preguntarle lo que de verdad nos interesaba:
-¡¡No, tranquilos, no hay problema ninguno!! Al principio si pudo negarse un poco, porque comprended que esos son datos que no se le pueden facilitar a cualquiera. Ahora mismo nos viene alguien de la calle a pedir el número de niños que tenemos en el colegio, y lo mandamos a... Pero claro nosotros tenemos en cuenta que eso es algo que os piden, y que suponemos que lo vais a utilizar para un buen fin, ¡¡vamos, no os imagino vendiendo esa información por ahí!! Así que nada, vosotros no os preocupéis, porque no hay motivo.
¡Que alivio! Después de esto, visitamos el almacén, donde podemos encontrar desde material escolar y pinturas, hasta piezas de cartón recortadas o viejos cuerpos desmontables para enseñar anatomía, pasando por carteles, pancartas, figuras geométricas de madera, mapas descoloridos, escuadras y cartabones para usar en la pizarra... y algo que la primera vez que entré aquí me llamó mucho la atención, unas estanterías llenas de archivadores con fechas incluso de los años '70. El Secretario nos comentó que eran las facturas emitidas y recibidas en esos años concretos, pero sacó una de 1995, me preguntó mi apellido y... cuando quise darme cuenta estaba leyendo los nombres de los que formábamos la clase de 1ºA, firmada por mi antigua tutora a 4 de Marzo de 1995, ¡¡había gente que ni recordaba!!
Y el día de hoy termina haciendo una fotografía a esta lista de clase, para cuando vuelva a olvidar algún nombre, tenerla a mano.
.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario