domingo, 28 de diciembre de 2008

23. UN NUEVO "TIRANO" II (18 DIC '08)

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A diferencia de todos los días, hoy no voy al colegio. ¡Tranquilos, no me salté las clases! Fui con mi compañero de prácticas al pabellón de Infantil a ver la actuación que tenían preparada con motivo de las fiestas navideñas. Así, mientras esperábamos en el pasillo, veíamos pasar a los pequeños disfrazados de pastores, reyes magos, e incluso algún angelito llorón. En la sala donde harán la representación, hay muchas sillas colocadas para cuando entren los padres, y en la zona del escenario, simplemente una pequeña cuna de madera con una oveja de peluche al lado. Hacen un último ensayo, y vemos que todo consiste en poner un villancico mientras que los niños se mueven y siguen el ritmo. Para nosotros puede parecer simple, pero hay que pensar en que la gracia de esto no es el que lo hagan mejor o peor, sino el encanto que transmiten al verlos ahí a todos juntos disfrazados, casi sin saber muy bien por qué lo hacen. Después de que terminasen y los padres los acribillaran con el flash de las cámaras de fotos, decidimos encaminarnos a nuestro Centro.

Subo a la Sala de Profesores, donde está mi tutora junto a las profesoras de Educación Física y Música. A los pocos minutos volvemos a clase. Están en clase de Inglés, y terminan haciendo algún juego, como el profesor les tiene acostumbrados. Ahora les toca hacer un control de Lengua. Para no aburrirme demasiado, lo hago yo también.

Al igual que ayer, decido pasar la media hora del recreo en la Sala de Profesores, disfrutando del buen ambiente, y leyendo el periódico mientras me invitan a algún que otro polvorón. La tranquilidad se ve interrumpida por mi compañero de prácticas, que trae un niño al que le sangra el dedo. Me pregunta por el papel higiénico:


-Si mira, ven aquí. Lo guardan en este mueble. A ver, ven que te mire el dedo. ¿Cómo te llamas? Vale, tranquilo, no pasa nada. ¿Te cuento una cosa? Los cortes son heridas profundas que sangran mucho, y claro que nos duelen, pero se curan muy pronto, ya lo verás. Toma, ¿te has lavado las manos? Ponte el papel este y apriétalo. Coge un trozo más para luego. Que no, hazme caso, ¿cómo te vas a desangrar? ¿tu sabes cuánta sangre tenemos en el cuerpo? Mucha, y por un corte así no te va a pasar nada. De todas formas, bebe agua y así fabricarás sangre nueva, en serio.


El recreo termina poco después. En clase, quien no lo terminase antes, sigue haciendo el control de Lengua, y los demás, el dibujo que les propuse ayer (la visión que tienen de mí, y la mayoría me dibujaron junto a los demás niños de la clase) Sin esperarlo, aparece mi compañera de prácticas por la puerta junto a dos de sus alumnos:


-Juan, ahí abajo hay una mujer preguntando por ti.


No le había dicho quién era, pero Mª Carmen y yo lo imaginábamos, así que me recomienda quedarme en clase mientras ella baja para hablar. Vuelvo a quedarme a solas con los alumnos. La mayoría están dibujando, pero queda uno haciendo el control. No se lo sabe, y además tiene el descaro de pedirme que le diga las respuestas. Sabe que voy a hacerlo, pero lo que hace es equivocarse. No se las digo, pero le ayudo a encontrarlas. Otra cosa es que lo consiguiera... Como era de esperar, no tardan ni cinco minutos en levantarse y armar escándalo. Así cuando vuelve la tutora me encuentra en el fondo de la clase, intentando entretenerlos como sea con tal de que no molesten a los otros compañeros que están dando clase en las otras aulas.

Mª Carmen dice que efectivamente, era la madre de la chica que tuve que llevar a Secretaría hace un par de días. Había llegado muy convencida de que un profesor de prácticas había cogido a su hija por el cuello, pero la experiencia de mi tutora hizo que en pocos minutos entrase en razón. Después de todo, si yo hubiera bajado, no voy a decir que me pusiera nervioso, pero si que actuaría de forma incorrecta, o por lo menos, mejorable. Y no porque sea una de mis costumbres ser maleducado, sino todo lo contrario, y hay veces que la única solución que veo es ponerte al nivel del atacante. Hay que agradecer que todo saliera bien.

Demasiado bien, porque el día de hoy termina conmigo recibiendo algunos dibujos de mis alumnos, y encontrándome a esta alumna de camino a casa. Le llamo:

-¡Eh, no me ignores! Ven aquí, anda. Mira, no quiero ser pesado, pero te vuelvo a decir que lo que pasó, ya sabes por qué ha sido. En el Centro hay unas normas que hay que cumplir, y son para todos. Si quieres cabrearte, adelante, estás en tu derecho, aunque no hay motivo. Por mi parte por lo menos, quiero que sepas que no pasa nada, ¿vale? Que para dos días que me quedan aquí no quiero irme de malas. ¡Venga, mañana te invito a un chocolate!

(Mañana habrá un desayuno para todo el colegio, chocolate con churros)

¡Ah, y aunque no haya salido en el recreo, se que nuestra amiga ha vuelto a traer las mismas galletitas!





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2 comentarios:

Anónimo dijo...

joia niña mentirosa...

se merecia quedarse una semana escribiendo "no debo decir mentiras" en el recreo.

Veras como no volvia a hacerlo ¬¬

Tontaca.

Mandarina dijo...

recuerdo que cuando yo iba al colegio, hubo un caso parecido..
una niña ( bastante follonera y bajuna) dijo que uno de mis profesores le habia agredido.. y lo echaron..

ella mintio.. lo queria fastidiar por haberla suspendido.. pero que mas le daria?! si no aprobaba ni recreo!!!